Acuerdo entre Estados Unidos y los talibanes: primer paso en un largo camino hacia la paz
Afganistán es un país lleno de problemas políticos y de seguridad debido a cuarenta años de guerra constante, a menudo moldeados por la intervención extranjera. Los asuntos afganos generalmente se analizan a través de la lente de la seguridad internacional y el terrorismo. Sin embargo, los recientes acontecimientos, como las elecciones presidenciales de septiembre de 2019 en las que Ashraf Ghani fue elegido vencedor y el acuerdo histórico entre los Estados Unidos y los representantes talibanes en Doha, Qatar, también son muy importantes para los asuntos internos del país. Los ciudadanos afganos y la diáspora esperan una país en paz y próspero; Por lo tanto, vale la pena investigar cómo este acuerdo podría afectar su optimismo colectivo.
Conceptos básicos del acuerdo
La guerra de Estados Unidos en Afganistán será recordada no solo como la más larga, sino como la que ofrecía menos salidas pacíficas. Además, tampoco ayudó la publicación de documentos sobre Afganistán el 9 de diciembre de 2019 por el Washington Post revelando que los funcionarios de los EE. UU. cambiaron constantemente la verdad para presentar un escenario en el que la victoria era alcanzable. Poco a poco se hizo evidente que ni las fuerzas de los Estados Unidos ni las del Talibán saldrían victoriosas en el andrajoso campo de batalla de Afganistán, por lo que la negociación era la única vía hacia los objetivos de cada parte. Un acuerdo político, en lugar de la continuación de las operaciones militares, fue la solución obvia. Estados Unidos quería poner fin a su guerra más larga y su enemigo no descansaría hasta que todas y cada una de las tropas extranjeras abandonaran el territorio afgano.
Con frecuencia se habló de una solución política, pero las partes involucradas no tenían la voluntad política de llevarla a cabo. Después de todo, aceptar un alto el fuego y garantizar la seguridad son tareas inmensamente difíciles en comparación con las operaciones tácticas planificadas. Desde 2007, las conversaciones sobre esre asunto ocurrieron durante las administraciones de Obama y Karzai. Las reuniones entre las partes afectadas fueron esporádicas, ya que las operaciones de contrainsurgencia dirigidas a los líderes talibanes, así como el debate entre el gobierno afgano y el grupo insurgente complicaron las cosas. Posteriormente alcanzaron su clímax bajo la presidencia de Trump cuando promovió el fin de las 'guerras interminables' como un objetivo clave de su mandato y de estrategia electoral. Entre todos estos eventos políticos, el pueblo afgano sufrió tremendamente con ataques violentos, como coches bomba y atentados suicidas, así como ataques contra tropas y policías afganos.
El uso de tácticas violentas requiere que los actores políticos busquen vías para mitigar la proliferación de ataques y asegurar el territorio bajo su jurisdicción. Sin embargo, en Afganistán, los talibanes controlan grandes extensiones de tierra, principalmente rurales, y por lo tanto no podían ignorarse o actuar solamente mediante arrestos u operaciones antiterroristas. Los talibanes quieren ser actores políticos y dar forma a Afganistán hacia su deseado Emirato Islámico. Los atentados continuos hizo que el gobierno americano y afgano tuviera que cambiar su enfoque a uno arraigado en la política, ya que está claro que los talibanes tenían fuerza suficiente para seguir por a vía violenta durante muchos años.
Un febrero especialmente sangriento de 2018 obligó al presidente Ashraf Ghani a ofrecer a la insurgencia un acuerdo especialmente atractivo: el reconocimiento como un partido político legítimo y la liberación de prisioneros talibanes. Es evidente en la política que el tiempo lo es todo. Los funcionarios afganos ya habían participado en meses de negociaciones y habían promovido un movimiento de paz en el país, como el muy publicitado Helmand Peace Convoy. Desde este punto, se desarrollaron conversaciones con los EE. UU., ya que era un momento oportuno para explorar la posible paz y los talibanes podrían lograr un mejor resultado que en instancias anteriores. Los esfuerzos en las negociaciones tuvieron su resultado con el acuerdo alcanzado en Doha el 29 de febrero de 2020.
Que quede claro: este no es un acuerdo de paz, sino el primer paso hacia una posible paz. En los términos más simplistas, este no es un tratado vinculante entre estados, sino un acuerdo para completar algunas acciones con un actor no estatal mientras ese actor no estatal siga cumpliendo. En línea con las demandas talibanes, las fuerzas de los Estados Unidos y la OTAN retirarán todas sus fuerzas en un período de catorce meses, así como cerrarán cinco bases militares de los EE. UU. en un plazo de 135 días, con la condición de que la otra parte siga siendo un participante constante en el acuerdo. Estados Unidos tiene la intención de levantar las sanciones a los miembros talibanes y colaborar con las Naciones Unidas para modificar su lista de sanciones también. Además, el intercambio de prisiones entre los combatientes talibanes y las fuerzas de seguridad afganas. Por su parte los talibanes no deben proporcionar ayuda o recursos materiales a organizaciones terroristas como al-Qaeda.
Las organizaciones internacionales elogiaron el acuerdo con cautela. De hecho, cautela es la palabra clave, Si bien pueden haber sido legitimados como actores políticos, no tienen un historial de mantener su palabra. El acuerdo entre Estados Unidos y Afganistán puede ser un movimiento significativo para poner fin a una guerra de dieciocho años, pero los ciudadanos afganos continúan preocupados sobre cómo podría ser un Afganistán con los talibanes como actor político legítimo.
Diálogo intra afgano y las preocupaciones de los ciudadanos afganos
El próximo paso hacia cualquier camino hacia la paz sigue siendo el diálogo intra afgano para poner fin a la guerra civil que coincidió con la intervención de Estados Unidos. Esta podría ser la parte más compleja, ya que todas las partes deben llegar a términos aceptables con respecto a la renuncia a la violencia y a favor de un alto el fuego duradero, a pesar de que un gobierno afgano con enfoque democrático en Kabul no es compatible para el ideal del Emirato Islámico propuesto por los talibanes.
Ahora las circunstancias son diferentes. En primer lugar, aunque frágil, la situación de seguridad en Afganistán ha mejorado, ya que el Ejército Nacional afgano se ha convertido lentamente en una fuerza cohesiva en todo el país. La fuerza policial afgana ha sido altamente militarizada. Éste nexo proporciona a las autoridades afganas los medios para demostrar que defenderán al país y, con suerte, no sucumbirán a una hipotética agitación liderada por los talibanes del marco político establecido. Aunque las fuerzas afganas toman la delantera en sus operaciones, los analistas a menudo sostienen que una retirada total de tropas extranjeras es desaconsejada ya que las fuerzas afganas aún requieren capacitación y recursos adicionales para garantizar los fundamentos de la seguridad nacional. Los ciudadanos afganos también temen las repercusiones.
No hay duda de que el acuerdo entre Estados Unidos y los talibanes es un evento notable en la guerra más larga de Estados Unidos. Para el ejército estadounidense y sus aliados de la OTAN, cierra un capítulo marcado por una pérdida significativa de vidas y recursos.
Debería celebrarse en el sentido de que denota un cambio de juego, o al menos, la transición a una solución política que pueda ser aceptada por todos las partes. Al mismo tiempo, depende de los talibanes para mantener su palabra y no intentar ganar terreno político usando la violencia. En la visión más pragmática, la paz es distante, pero la paz se construye sobre la esperanza, y eso debería celebrarse. La adhesión al acuerdo de los talibanes y el resultado del diálogo intra-afgano revelará caminos hacia la estabilidad que solo pueden fomentarse dentro del propio Afganistán.
0 respuestas to “Acuerdo entre Estados Unidos y los talibanes: primer paso en un largo camino hacia la paz”

